Razones para recibir clases de guitarra
con un profesor
Cuando mostramos interés natural por aprender música,
suelen darse dos situaciones. Optar por estudiar por nuestra cuenta con ayuda
de manuales, lecciones en video, revistas, páginas de internet…o bien
recurrimos a la ayuda de alguien con más experiencia, un profesor.
Lo cierto es que no hay motivo para tener que decidirse
por una, si te puedes beneficiar de las dos situaciones. En ningún caso, un
docente sustituye la labor de investigación personal. La búsqueda de tu propio
camino musical, siempre tendrá un gran componente de individualidad. Pero el
maestro adecuado debería hacer el camino más ágil y disfrutable. Estas son algunos
motivos que creo merece la pena considerar:
1) EVITAR
ERRORES FUTUROS
Cometer errores de orden técnico o conceptual en el
aprendizaje de un instrumento es un lujo que nadie debería permitirse. Un vicio
siempre se puede revertir, pero las lesiones provocadas por mala práctica a
veces llegan a convertirse en un serio problema. Un profesor solvente evitará
el mal antes de tiempo. Prevenir siempre es mejor que curar.
2) PERMANECER
MOTIVADO
Cuando uno toca solo, es fácil atravesar fases de un
engañoso relajamiento que a menudo desembocan en abatimiento y desánimo. En las
peores situaciones llegan incluso al abandono de la actividad musical. Una de
las labores más importantes y menos reconocidas de los maestros es la de
motivar e infundir confianza a sus estudiantes. Esto lo consigue un profesor
que también desempeña las labores de mentor.
Cuando aprendes por tu cuenta pierdes un tiempo enorme.
Es un hecho. Tener que comprobar toda la información a modo de prueba y error,
es hasta cierto punto inevitable, pero la ayuda adecuada te facilitará situarte
en el punto idóneo para entender conceptos y resolver problemas en muchísimo
menos tiempo.
4) TOCAR CON
ALGUIEN MAS EXPERIMENTADO
Cuando tocas con alguien con una trayectoria más larga o
diferente a la tuya, hay un porcentaje de información que se absorbe
instantáneamente escuchando, observando e interactuando juntos. Es una de las
cosas mágicas de la música, casi sin darte cuenta el piloto automático de la
intuición se enciende, el cambio sucede y tu empiezas a mejorar.
5)
DIVERSIFICARTE
Un profesor con un amplio bagaje musical, como mínimo
siempre enriquecerá tu comprensión de la música, pero también te expondrá a
diferentes conceptos, a nuevos enfoques y maneras de expresarte. Diversificarse
es crecer.
6) OBTENER
SEGUIMIENTO
Aprender música es una actividad de recorrido vital.
Todos los estudiantes se enfrentan a diferentes problemas en cada etapa de la
vida musical. Por eso, es de un valor incalculable tener a tu lado a alguien
que ya haya superado esas fases, alguien que sepa presionar las teclas
adecuadas en el momento adecuado y te dirija.
Estudiando solo, uno de los mayores obstáculos es
discernir qué información es útil para tus propósitos. Un profesor ha de poder
seleccionar contenidos y ajustarlos en función del nivel, proyección, gustos,
situación vital y hasta personalidad de su pupilo.
8) DERRUMBAR
FALSOS MITOS
En general, todos somos dados a crearnos opiniones a
menudo infundadas o poco contrastadas. En el estudio de la música esto no es
una excepción. Es fácil dar por válidos mitos y creencias basadas en una más
que cuestionable sabiduría popular. Forma parte del trabajo de un maestro
experimentado y abierto de mente, desprenderse de dogmatismos y cuestionarlo
todo. Esto es, ofrecer a los estudiantes una manera de trabajar más pragmática,
efectiva y libre de condicionamientos.
9) APRENDER DE
UN MODO ESTRUCTURADO
Uno de las situaciones más comunes entre los músicos que
aprenden por su cuenta, es adolecer de falta de dirección y organización,
saltando de un concepto a otro, en la mayoría de ocasiones sin atisbo de
lógica. Un profesional de la enseñanza debería trazar un plan ordenado,
delimitando objetivos a corto, medio y largo plazo, necesariamente basados en
las necesidades e inquietudes del estudiante.
Todas estas, son razones de peso. Cualquier docente
debería aspirar a ayudar a sus estudiantes en estos puntos mencionados. Pero es
cierto, que la relación maestro-alumno es más que todo esto. Se hace necesaria
una conexión más profunda y cierta dosis de química personal. Enseñar no
debería ser una mera transacción de conocimiento. Por eso, cada alumno necesita
encontrar a su profesor adecuado. El que realmente empatiza con su estudiante.
El que entiende la música que quiere tocar, porque también la escucha, la toca
y la ama. El que realmente cree en él y sigue pensando en cómo ayudarle cuando
la hora de clase ha concluido.
@combinandosonidos